La familia es la base de la sociedad islámica. La unidad familiar estable ofrece paz y seguridad y esto posee un gran valor. Es esencial para el desarrollo espiritual de sus integrantes.
Un orden social armónico, para el Islam, se deriva de la existencia de familias numerosas, donde los hijos, que son estimados como un tesoro, raramente abandonan el hogar antes de casarse.
El matrimonio islámico no es un sacramento, sino un simple contrato legal en que cada parte tiene libertad de incluir condiciones. El divorcio no es habitual, aunque no se prohíbe como último recurso. Según el Islam, no se puede obligar a ningún/a joven a casarse contra su voluntad. Sus padres simplemente pueden sugerirles jóvenes que consideren adecuados.
En el mundo islámico no hay asilos de ancianos. El esfuerzo de cuidar a los padres en la ancianidad se considera un honor, una bendición y una oportunidad para un mayor desarrollo espiritual. Allah, el Altísimo, no solo pide que se rece por ellos sino que exige una compasión sin límites hacia ellos, recordándonos que cuando éramos pequeños y desvalidos ellos nos prefirieron por sobre ellos. A las madres se les honra especialmente: el Profeta, la paz sea con él, enseñó que "el paraíso está a los pies de las madres". Servir a los padres es el deber más importante de un musulmán, luego de la oración; se considera despreciable irritarse cuando sin que sea su culpa, los ancianos se tornan difíciles.
La institución familiar es la que prepara a través de una generación a la que la reemplazará para el servicio de la civilización humana y para el cumplimiento de sus obligaciones sociales.
Cada generación desea que la que le preceda sea mejor que la de ellos. La familia puede ser llamada, entonces la principal fuente de progreso de una sociedad. El Islam le dedica a la familia una atención particular, ya que la unidad familiar es una piedra fundamental para los musulmanes: provee un ambiente sano y de unidad social.
El Sagrado Qur'an y el Mensajero de Allah, enseñan el especial buen trato que el musulmán debe tener hacia sus padres primero y hacia sus parientes más cercanos, aun, si los parientes no comparten la fe de uno, el buen musulmán no tiene que cortar lazos o tratarlos diferente, debe tener con todos sus familiares las mejores maneras, respeto y cariño.
El Trato justo con los parientes es ordenado en el Islam, pero debe ser del patrimonio personal dentro de los límites de la justicia y el juego limpio.
Luego de los parientes se debe tener especial respeto por los vecinos ya que un vecino también es un pariente. Un vecino ajeno también debe ser respetado y por último un vecino temporal o casual con el que uno tuvo ocasión de vivir o viajar por algún tiempo también merece nuestro respeto.
Todos son merecedores de cortesía y buen trato. El Mensajero de Allah dijo que los derechos de los vecinos le fueron tan enfatizados por el Ángel Gabriel que él llegó a pensar que los vecinos tendrían derecho a la herencia.
En resumen, el musulmán debe tener buenas maneras con toda la sociedad, empezando desde su casa y pasando por cada círculo social que lo rodea.